miércoles, 15 de septiembre de 2010

Carta de un aprendiz de hombre.


Despertar ya no significa lo mismo,
ahora solo observo a mi alrededor
para tan solo desear no haberlo echo.

Camisas negras cuelgan de aquel altillo
donde solíamos escondernos de tu padre
que se aproximaba lúgubre hacia nosotros.

El miedo se inclina y golpea nuestros rostros
para así poder despertar de aquel sueño,
ya entrometidos dentro del mismo,
recuerdos que fluyen en el río
como hojas que terminan en los fogones
que nunca encendimos,
que nunca apagamos.

Como olvidar aquellas dedicatorias,
el sudor corriendo por mis brazos,
el cansancio mental que provocaste,
volver a ser un niño inocente
ya no esta en mis planes,
quizás si niñas inocentes,
lastimarlas de la misma forma que vos lo hiciste,
desparramar sus sentimientos
como vos hiciste con los mios.

Esta mezcla es muy rara,
el lector ya habrá perdido rastro alguno
de lo que en algún momento
tuvo un muy pequeño significado.

Son solo palabras narradas por mi,
relatos de mi vida,
relatos de tu vida,
relatos de nuestra vida,
silabas y estrofas navegadas por mi,
atravesando el Aqueron
o lo que queda de el
en infinidades de cósmico esplendor.

Para rematar intentemos darnos un tiempo,
solo para saber dentro nuestro
que entre vos y yo
todo
ya
se
termino
¿te parece correcto mi vida?